Cuando era pequeña oía mucha radio, gracias a mi madre que me creo ese habito. Oía, sobre todo en la emisora "Radio Progreso", de todo, novelas, programas de música, de ayudas y consejos, comedias y sketches. De la mañana al mediodía, o de la tarde a la noche, de acorde a mis horarios escolares, ya me sabía la programación de la emisora, las voces de sus locutores y los temas de presentación. Era una rutina muy grata para mí, y un tiempo y algo que compartir con mi madre, y creo que de alguna forma me ayudo en la transición niñez-adolescencia.
Pero hubo un relato y seguido a este una etapa que hasta el día de hoy la llevo y es de esas cosas que creo que siempre recordare.
El relato: Cuando mi mama era joven (casi la misma edad que yo cuando me la contó), transmitían un programa radial del cual ya no recuerda el nombre pero si su peculiar locutor, lo llamaban "Clavelito"; no pregunten por qué, no sabemos. Este carismático locutor instaba a sus oyentes a poner un vaso de agua encima de su aparato de radio, durante toda la duración de su programa, la cual al terminar debías beber. Clavelito siempre terminaba su show con esta frase: "Pon tu pensamiento mi, veras que en este momento mi fuerza de pensamiento, ejerce el bien sobre ti."
La etapa: Al mi mama contarme su relato, yo tome la costumbre de poner un vaso de agua, con la mano encima de este (no sé de donde saco mi mente infantil la idea de la mano), durante todo el tiempo que estaba oyendo la radio sentada en la sala de mi casa. Al terminar, me tomaba el agua sintiendo y pensando que eso me daría fuerzas y energías renovadoras y esotéricas.
Ya hacía tiempo que Clavelito no existía, y quizás muy pocas personas lo recordaban, no sé, nunca pensé eso, pero ahora sé que aquella niña que era sentía su energía atreves de un relato y unas ondas radiales que el tiempo logro llevar hasta su presente.
27/ Mar. 2015
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