miércoles, 25 de febrero de 2015

De vez en cuento, un cuando..

"Después de la risa viene el llanto."

Esa frase me acompañó casi toda mi infancia, sobre todo cuando, después de toda una tarde de corretaje en medio de la calle, alguno de mis amigos se caía y se raspaba una rodilla o se daba un golpe. Enseguida brotaban los lagrimones y venia la concebida frase, sin faltar los regaños. A mi particularmente no creo que me la hayan dicho mucho, era "una niña de mi casa", y como estaba en una escuela que era en sí misma una ciudad, había mucho donde correr, y ensuciarse sin que al profesor le importara mucho. En dicha escuela y en esos corretajes y juegos fue donde me hice mis dos esguinces, uno en la rodilla y otro en el cuello. Son mis "heridas de guerra", al menos las más graves, pero recuerdo que hubo poco llanto en ambas ocasiones, pero si sentí dolor y hubo días sin clases por lo mismo.

Ahora, ya de adulta, al ser uno más prudente en cuanto a corretajes y juegos de mano se refiere, las heridas son otras, más difíciles de curar, más profundas y por consecuencia dejan cicatrices que un poco de helado y unos días sin clases no curan. Pero igual que cuando niños nos seguimos aventurando, tomando caminos que enredan nuestros pies y caemos o con situaciones que nos dejan más que el cuello torcido, y siempre las empezamos riendo y con mucha fe que esta vez sí sea una gran aventura, de esas que dura mucho y dejan sabor a helado en la boca y un calorcito de hogar en el corazón, pero "después de la risa viene el llanto." Esta vez hay pocos regaños y muchos o varios consejos, de tus seres queridos y te dicen que no pierdas la fe, que te sacudas la ropa y la rodilla y vuelvas a ser la niña de Ciudad Escolar Libertad sin importar que venga (esperemos que no) el llanto.

24-25 /Feb. 2015