Tomare un hacha y destruiré tu lado de la cama,
lo hare con tal pasión que solo quedara el serrín
y el viento se lo llevara, suavemente.
Tomare esa hacha y destruiré espejos, sillas,
puertas y todo aquello que tenga tu olor o me recuerde tu presencia.
Las brisas pasadas volverán, volverán recuerdos y volverá tu nombre.
Abriré mi puerta y el serrín estará esparcido como nieve por todo el frente.
Tomare el hacha, iré al jardín y abriré un hueco;
allí sembrare una semilla.
