El asesino en su locura les afeitaba la piel
y al ver su lampiña hermosura,
la rasgaba cual papel.
Cuando su puñal señalaba su pecado capital,
fuera gula o lujuria,
que importaba, acaba con él.
El asesino era un paje demente de sed,
de sangre, de sed de amor
prohibido y frustrado.
El estar enamorado para él era un castigo,
por eso cuando veía,
algún cuerpo virginal,
le clavaba su puñal cual pecado concebido.
Hombre
lluvia
Eres
para mí el hombre lluvia.
Caes,
te evaporas, o te traga la tierra.
Luego,
cuando quieres, vuelves a caer.
Eres, a
veces,
para mi indispensable, como toda agua lo es.
A veces
dije;
Otras
eres superfluo.
A veces
también necesito tanto de ti como tierra de seco desierto africano.
A veces
eres una inundación india en mi corazón, que en ese momento no te necesita.
Hombre lluvia,
¿qué más se te puede pedir?
Que caigas,
te evapores, y vuelvas a caer como todo hombre lluvia que se respete.

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